| Al
comienzo de los 90, el gurú de la gestión
Regis Mckenna acuñó el concepto de
Marketing Relacional. Desde entonces, los teóricos
del management han identificado numerosos modelos
para acercarse al cliente. Entre los principales,
destacan cinco: el data base marketing, el marketing
one to one, el CRM (customer relationship management)
el e-CRM y el permission marketing.
Como
complemento a estas nuevas visiones, han surgido
distintas herramientas: radical marketing, experimental
marketing, visual marketing… Términos
cada vez más cinematográficos que
sólo disfrazan los conceptos clásicos
del marketing. En mi opinión, “demasiado
ruido para tan pocas nueces”. Sin embargo,
aunque las aportaciones prácticas de estas
nuevas herramientas y modelos son bastante reducidas,
sí se utilizan como aplicaciones para la
gestión de la lealtad. Al final, todas las
compañías tienen el mismo objetivo:
fidelizar de por vida a los consumidores. El sueño
de todo consejero delegado.
Hoy,
la expresión: “la lealtad de un cliente
no se compra, se gana”, se ha convertido en
uno de los fundamentos del management. Actualmente,
la única manera de incrementar la cercanía
con los customers, y su predisposición a
ella, consiste en generar continuas relaciones de
confianza. La dificultad de esta iniciativa estriba
en que no a todos los clientes les interesa (o necesitan)
entablar tratos con una empresa. Este es el caso
del consumidor de la Nueva Economía. En Internet,
nos encontramos ante un gran número de demandantes
que aspiran a conseguir los precios más bajos.
Este tipo de cliente no busca el trato personalizado
y prefiere escoger entre la oferta de las numerosas
empresas que le ofrecen el mejor precio.
De
todas formas, la organización que busca una
relación tradicional con el cliente, no pierde
el tiempo. Todavía existen otros demandantes
que se preocupan por la calidad, el servicio y la
garantía. Hacia ellos se deben orientar los
programas de gestión de la lealtad. Estos
mecanismos de fidelización deben ser el objetivo
de cualquier empresa que quiera alcanzar el éxito
en la calidad de servicio.
El CRM como instrumento de lealtad
Ante
el panorama de competencia extrema que rodea a las
empresas, el nuevo reto que se deben plantear, es
conseguir y mantener la lealtad de su público.
Para lograrla, es necesario que realicen dos tareas:
1.
Conocer al máximo todo sobre sus clientes
2.
Desarrollar con relaciones de confianza basadas
en la anticipación a sus necesidades
Con
la implantación de una herramienta como el
CRM (Customer Relationship Management) resulta sencillo
gestionar relaciones con los consumidores. El fundamento
de un modelo de este tipo, es añadir valor
a los clientes en función de sus expectativas,
exigencias y necesidades. Para conseguirlo, la compañía
tiene que conocerles a fondo y ofrecerles aquellos
productos/servicios que realmente cubran sus demandas.
Ya saben, el demandante no quiere un teléfono,
desea comunicarse; no quiere comer, sino saciar
su hambre disfrutando.
El
CRM, supone una de las partes de la gestión
de la lealtad. Es una filosofía de negocio
que integra la visión estratégica
de la compañía. En concreto, el fin
último de este modelo es potenciar el trato
con el cliente. Para ello, utiliza elementos como
bases de datos, marketing directo, data mining...
Evidentemente, la implantación de estas herramientas
se realiza más que como un fin en sí
mismo, como un medio para conseguir la información
requerida.
La
esencia del CRM queda reflejada en los siguientes
conceptos:
1.
La clave del éxito radica en la relación
cliente-empresa
2. El CRM posibilita la venta de soluciones a medida
de los clientes, no ayuda a comercializar productos
estandarizados
3. El servicio y la atención al consumidor
únicamente han de dirigirse a optimizar el
desarrollo de relaciones sólidas en beneficio
mutuo
4. La lealtad es un estado proactivo, no reactivo.
Es incierta y volátil, el cliente decide
en unos instantes si pretende mantener o no el trato
con su proveedor
Qué aporta el CRM? ¿Qué
se hace mal?
Si
catalogamos el CRM como una filosofía en
el mundo del management, no aportará ninguna
novedad. Debe ser considerado como algo más
que una tendencia. Es un modo de actuar de las empresas.
La compañía tiene que orientar toda
su estrategia hacia la mejora de las relaciones
con su principal objetivo: el cliente. Sin embargo,
muchas organizaciones han confundido resultados
de CRM, con las herramientas que lo completan. En
este proceso, dedicaron cuantiosos recursos a diseñar
tarjetas de clubes de clientes, programas descuento,
monedas virtuales para canjear por premios, sistemas
de puntos... Así, obtuvieron todo un arsenal
de técnicas basadas en un marketing directo
nada original. Adoptar ese camino fácil hacia
la lealtad, ha dado como resultado que todos pertenezcamos
a tres o cuatro programas de fidelización,
dispongamos de tres o cuatro tarjetas de lealtad…
En definitiva, la fidelización que se pretendía
con estas medidas, sólo ha servido para generar
nuevas expresiones vacías de contenido.
Entonces,
¿Cómo conseguir el diálogo
de la empresa con el cliente? ¿Cómo
descubrir aquello que tiene valor para el consumidor?
¿Cómo prepararse para ofrecerlo? Para
dar respuesta a todas estas preguntas, es necesario
que la compañía ejecute las siguientes
actividades:
1.
Identificar aquellos clientes fundamentales para
crear valor en el negocio
2. Analizar los aspectos de valor del grupo de clientes
fundamentales. Aplicarlos a los diferentes segmentos
de clientela que, anteriormente, se han identificado
3. Investigar si la extensión de los valores
de los clientes tendrá consecuencias positivas
sobre la cuenta de resultados
4. Desarrollar programas de comunicación/publicidad
a medida de las expectativas de los consumidores
5. Medir y verificar los resultados para cuantificar
la rentabilidad
En
resumen, se trata de analizar la base de clientes
para localizar a los más rentables, agruparlos
en subcategorías y diseñar programas
de relación personalizados. Por último,
para medir la eficacia del CRM se debe prestar atención
a la evolución del comportamiento de los
clientes más importantes y a la tasa de retención
de éstos.
La llegada de internet
El
e-CRM es el marketing relacional on line. Resulta
paradógico y sorprendente, que una herramienta
tan tecnológica como ésta se transforme
por incorporarse al mundo web. Sobre todo, ahora,
cuando la mayoría de los expertos han garantizado
que la aportación de Internet a la aproximación
con el cliente es escasa. Numerosas organizaciones
han visto en el e-CRM la mejor forma de reducir
los costes. Han orientado las quejas telefónicas
hacia Internet y valorado que resulta más
barato dar una respuesta vía mail que por
teléfono.
Pero
no todos los clientes quieren usar la Web. Potenciar
este canal y descuidar otros modos de relación
pueden conducir al fracaso. La calidad de servicio
en Red es menor que a través el teléfono.
Así, las empresas han llegado a un aparente
conflicto entre ahorros de costes (potenciales)
y niveles de servicio al cliente. Este enfrentamiento,
puede suponer el olvido del verdadero horizonte
del CRM: obtener el máximo partido de las
relaciones con los clientes. Según el americano
Ian Howells de SeeBeyond Technologies Corporation
(SBYN), consultora especializada en la Nueva Economía,
atender una petición de un cliente vía
Internet supone sólo un 1% del coste de hacerlo
por teléfono. Por esta razón, compañías
como la aerolínea inglesa EasyJet han decidido
ofrecer grandes descuentos a los clientes que efectúen
sus transacciones on line. Sin embargo, usar Internet
como único canal, no es la mejor estrategia
para retener a los custormers más valiosos.
En
el caso de las aerolíneas de bajo precio
no deben olvidar el perfil de sus clientes: viajeros
de negocio apresurados que necesitan una respuesta
“humana” tranquilizadora. Otro ejemplo,
¿Por qué un banco “electrónico”
se empeña en proporcionar a sus clientes
información vía wap, si sus sistemas
no permiten actualizar los saldos de las cuentas
en tiempo real? Por lo general ocurre que las transferencias
desde otro banco implican una espera de, al menos,
un día para ver incrementado el saldo. Vacíos
como estos son los que hay que evitar ¿Para
qué publicitar el tiempo real? Como cualquier
otro sector, las entidades bancarias necesitan una
visión de negocio sencilla, centrada en el
cliente y que se aplique a todos los procesos/productos.
De esta manera, cuando un cliente “contacta”
(se relaciona) con el banco podrá obtener
una respuesta inmediata. Así, se construye
un buen CRM.
Como
conclusión, la tecnología web aporta
al CRM herramientas de última generación
que se deben integradar en la filosofía global
del modelo. Customer Relationships Management equivale
a la individualización, no a la obsesión
por los sistemas. La aportación de este producto
se resume en una palabra: empatía. Esto implica
una proximidad con el cliente para personalizar
el servicio a medida de las necesidades de cada
consumidor. La forma de conseguir esta cercanía
dependerá de cada empresa y de su entorno.
Pero los consultores no deben pensar que ahí
reside una nueva oportunidad de negocio. El objetivo
consiste en ayudar a las empresas en la tarea crucial
de identificar, retener y mimar a sus clientes más
valiosos. Los consumidores que más interesan
son aquellos que, de forma exigente, se relacionan
con nosotros, ya sea vía on line, por teléfono,
cara a cara…
En
definitiva, el cliente es la pieza más importante
de todo el proceso. No le descuide.
Autor:
Javier Fernández López - Director
de SOLUZIONA
Fuente:
MARKETING RELACIONAL
www.marketingrelacional.com
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