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Hace
tan sólo unos años era una completa
utopía, pero las cosas han cambiado. Las
nuevas tecnologías han afectado a muchos
sectores; entre ellos, a los procesos y las relaciones
entre la empresa y los trabajadores.
El teletrabajo surge como una alternativa al empleo
presencial y, en muchos países, se está
imponiendo con fuerza.
La
principal responsabilidad de que el teletrabajo
esté implantándose en la sociedad
es, sin duda, de Internet y la banda ancha. Ante
la posibilidad de que el empleado esté permanentemente
conectado a la empresa desde casa se reduce la necesidad
de que tenga que presentarse físicamente
en ella.
Ante esta situación, se deduce una consecuencia
posterior. El teléfono móvil ya supuso
un gran avance a favor de la movilidad de los empleados
y en el futuro se espera que sea la tecnología
Wi-Fi la que tome la alternativa. Cualquier lugar
puede convertirse en una improvisada oficina, con
lo que el empleado, además de ganar en libertad
de horario, gana también en libertad de movimiento.
En principio, el teletrabajo fue descartado por
numerosas compañías porque generaba
desconfianza. Se pensaba que reducía la productividad
y disminuían las posibilidades de "controlar"
al empleado al desconocer cuántas horas exactas
necesitaba para desarrollar su trabajo. Sin embargo,
aunque este aspecto siga causando recelo en numerosas
compañías, las empresas también
han sabido ver el lado positivo.
Si los trabajadores deciden desempeñar sus
tareas desde casa, el gasto en espacio y en infraestructuras
para las compañías disminuye enormemente.
Es el caso, por ejemplo, de una empresa de las dimensiones
de Intel. La compañía comenzó
con esta experiencia a principios de los años
90 y dio a elegir a sus trabajadores la opción
de trabajar desde la oficina o desde casa. Voluntariamente,
cada uno de ellos decidió lo más conveniente
y el resultado son unos cuantiosos beneficios para
Intel a pesar de que sólo dispone de dos
grandes sedes en Alemania e Inglaterra y en el resto
de países pequeñas oficinas para reuniones
concretas.
Aunque España no es de los países
en los que el teletrabajo esté más
avanzado, lo cierto es que la tendencia no deja
de aumentar. Según los últimos estudios,
el 53% de las empresas de nuestro país ofrecen
la posibilidad del teletrabajo. El porcentaje es
superior al de países como el Reino Unido,
pero todavía queda muy por debajo de los
niveles de Suecia y Holanda, con el 78% y el 73%
respectivamente. Esto por no hablar de Japón,
en los que el porcentaje asume los niveles más
elevados del momento.
Otro dato significativo en este aspecto es que,
en España, todavía seis de cada diez
empresarios desconfían de este sistema de
trabajo, por lo que cabe esperar aún mucho
tiempo antes de que el teletrabajo sea una realidad
generalizada en nuestro país. Lo que sí
es evidente es que la tendencia está cambiando
y, con ella, una forma de entender, no tan sólo
las tareas diarias de cada uno, sino también
las tecnologías y los modos de vida de toda
una sociedad.
Fuente:
DIARIO OPTIZE
www.optize.es
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