El
binomio de elementos que posibilita el nacimiento
de una nueva empresa se completa con la figura
del EMPRENDEDOR (también denominado promotor,
nuevo empresario, etc).
¿Quién
puede ser emprendedor?
La
primera advertencia que puede hacerse a este respecto
es que todos podemos ser emprendedores.
Si
bien es cierto que los rasgos de la personalidad
del nuevo emprendedor, sus motivaciones a la hora
de embarcarse en un nuevo negocio, la capacidad
intelectual o física, la formación
o experiencia previa pueden, indudablemente, influir
en el éxito de la nueva empresa, no cabe
atribuir a estos aspectos un valor absoluto, ni
elevarlos a la categoría de requisitos
previos e indispensables que deban reunirse obligatoriamente
para poder afrontar con perspectivas un nuevo
negocio.
¿Qué
características definen al emprendedor?
El perfil del emprendedor.
Un
hipotético "retrato robot del emprendedor
ideal" debe servir, antes que nada, para
prevenir y conocer puntos fuertes y débiles
presentes en el emprendedor, para elaborar un
"diagnóstico" que haga posible
establecer las soluciones adecuadas (ya sean,
formativas o de otro tipo).
A
continuación, se señalan las características
de la personalidad, las habilidades o capacidades
psíquicas o intelectuales y la formación
y/o experiencia previas que más comúnmente
citan los expertos a la hora de establecer el
"perfil tipo" de un emprendedor. Seguidamente
se hace una mención meramente enunciativa
de motivaciones frecuentes y sus posibles implicaciones
en la puesta en marcha y desarrollo de la empresa.
(Fuentes: Agence pour la Création d'Entreprises
– APCE; Negocios con futuro. Guía
de creación de Empresas, del Institut Municipal
de Formació Ocupacional i Feina. Ajuntament
de Palma de Mallorca).
Rasgos
de la personalidad:
Motivaciones:
Otro
de los elementos que tradicionalmente es objeto
de análisis a la hora de estudiar la figura
del emprendedor es el de las motivaciones que
determinan la creación de la empresa.
Dichas
motivaciones pueden determinar una actitud y respuesta
diferentes a la hora de poner en marcha y desarrollar
la actividad empresarial. Es conveniente anticipar
cuál podrá ser esa respuesta, al
objeto de reforzar potenciales puntos fuertes
o prevenir posibles debilidades.
De
forma meramente enunciativa, se señalan
algunas de las motivaciones típicas del
emprendedor, cada una de ellas con un breve comentario.
Solucionar una situación personal
(dificultades profesionales, afectivas, etc)
Este tipo de motivación puede determinar
una insuficiente reflexión acerca del proyecto.
Asimismo, debería valorarse el posible
empeoramiento del estatus social a causa de un
nivel de rentas inicialmente inferior al acostumbrado.
Crear su propio puesto de trabajo (autoempleo).
Puede existir incompatibilidad entre la preparación
rigurosa del proyecto de empresarial y la búsqueda
activa de trabajo.
Aumentar el nivel de renta.
La situación de necesidad (mayor o menor)
es susceptible de incidir en una deficiente preparación
del proyecto, descuidando el necesario ajuste
entre aquél y la persona que lo acomete.
Permanecer o establecerse en un lugar geográfico
del gusto del emprendedor.
Tomar la decisión en función de
semejante interés puede implicar una mala
selección del mercado objeto de la empresa.
Crear una empresa para ofrecer más
o mejores oportunidades a los descendientes.
Debería evitarse que los afectos personales
incidan en el rigor y objetividad del planteamiento
del proyecto.
Desarrollar una empresa en toda su extensión.
Suele implicar una decisión meditada y
cabal, contribuyendo así a reducir las
probabilidades de error.
Poner en práctica una idea empresarial
como fórmula de realización personal.
Es aconsejable afrontar el proyecto de forma equilibrada,
buscando la máxima adecuación entre
las posibilidades personales y el proyecto que
se acomete.
Crear una empresa para poder trabajar
con el cónyuge, con los padres, los hijos,
con compañeros de trabajo, etc.
Además de la posibilidad de que los afectos
personales "contaminen" el análisis
previo del proyecto, deben tenerse en cuenta ciertos
riesgos, tales como la duplicación de funciones
y responsabilidades, el posible choque de puntos
de vista en cuanto al modo de gestión de
la empresa, etc.
Tradición familiar
Debería valorarse objetivamente si el emprendedor
que pretende iniciar la actividad empresarial
satisface los requerimientos personales y materiales
normalmente exigibles.
Independencia, anhelo de poder, reconocimiento
social, mejora del estatus social, etc.
La necesidad de puesta en práctica de determinadas
pretensiones personales no debería menoscabar
el rigor en la preparación.
¿Cómo
diagnosticar la aptitud y actitud del nuevo emprendedor?
Una
vez descrito, esquemáticamente, el hipotético
"perfil ideal" o retrato robot del "perfecto
emprendedor", quedaría aún
por descubrir el perfil real del concreto aspirante
a empresario.
Como
instrumento de ayuda para el análisis del
perfil y la personalidad del nuevo emprendedor,
suelen ofrecerse cuestionarios de auto –
diagnóstico.
Sin
desconocer que pueden constituir un excelente
instrumento de apoyo y de conocimiento de las
aptitudes y actitudes que a priori presenta el
emprendedor, debe insistirse en la idea antes
avanzada: sus resultados deben relativizarse,
(del mismo modo que no cabe esperar que la obtención
de un "buen resultado" en un test de
auto – evaluación garantice el éxito
de nuestra aventura empresarial, es perfectamente
posible que una adecuada preparación personal
y del proyecto subsanen las carencias que se desprendan
del mismo).
A
modo de ejemplo, recomendamos un cuestionario
de auto – evaluación ofrecido en
la Guía de Creación de Empresas
en Canarias, desarrollada por los Servicios de
Creación de Empresas de las Cámaras
de Comercio de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife.