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El
aumento en el número de conexiones ADSL a
Internet ha traído otras consecuencias que
la mayor velocidad a la hora de navegar por la red.
Por
lo general, los proveedores de este servicio ofrecen
a quien lo contrata un número de cuentas
de correo (que puede variar en función del
paquete escogido) y un espacio web que, en principio,
se puede utilizar a nuestro antojo.
Es decir, que ya no resulta tan difícil disponer
de una página web propia. Al menos, existe
la posibilidad de tenerla, eso sí, después
de seguir unos pasos previos e imprescindibles para
contar con nuestra página web personal. Para
los usuarios menos entendidos en esto del mundo
virtual puede parecer realmente complicado realizar
su "sitio" virtual. Sin embargo, hacerlo
no es tan difícil y siempre tendremos un
escaparate al mundo que puede ayudar enormemente
a nivel profesional o servir para mostrar lo que
deseemos a nivel personal.
La cuestión básica antes de
comenzar el proceso será elegir el dominio
que queremos utilizar. El dominio es la
dirección web o el "título"
que le daremos a nuestra página. Lo más
recomendable es que sea fácil de recordar
y que se identifique plenamente con los contenidos
que los internautas podrán ver en dicha página.
Tener un dominio propio también garantiza
disponer de unas cuentas de correo con el mismo
nombre, algo del todo extendido entre las empresas
que también puede solicitarse en el caso
de usuarios particulares.
El registro de dominios puede hacerse a través
de varios medios. En función del que escojamos
".com", ".es", ".net",
".org, etc. tendremos que abonar un precio
u otro (por ejemplo, los internacionales oscilan
alrededor de los 60 ? hasta los 110 ?). Para controlar
los nombres que se otorgan a las diferentes páginas
web existe una entidad, la ES-NIC, que es la que
encarga de gestionarlos.
Normalmente, los dominios internacionales (como
el .com) se pueden solicitar de forma mucho más
rápida. En el caso de los ".es",
el tema cambia ya que para disponer de una marca
en la red se ha de demostrar legalmente que se es
el dueño de la misma. Como en la mayoría
de las ocasiones, lo más importante es decidir
el uso que se le va a dar a la página, los
contenidos que queremos mostrar y el beneficio que
se desea obtener. En función de estos tres
parámetros será mucho más fácil
decidir qué dominio queremos y qué
inversión destinamos al mismo.
Conviene saber también que todas
las páginas web están alojadas en
un servidor u ordenador especial que mantiene una
conexión permanente a Internet.
Los servidores están preparados para poder
alojar miles y miles de direcciones de Internet,
soportando a la vez, el peso de los mensajes de
correo electrónico que se cruzan entre sí
los usuarios.
Existen empresas específicamente preparadas
para ello que, dependiendo de la capacidad del dominio
y el servidor que ofrecen, pueden cobrar por este
alojamiento web o ponerlo a disposición de
los clientes de forma gratuita.
A partir de registrar un dominio se pueden crear
también subdirecciones para tratar diferentes
temas que nos interesen. Son las direcciones más
largas, a las que después del nombre del
dominio en sí se les añade una barra
con otra denominación a continuación.
En realidad, se trata de una página web distinta
y complementaria a la general de presentación
con lo que se consigue redireccionar directamente
a un tema concreto de los contenidos a todo aquel
que esté interesado.
Cuando se elige la opción de un alojamiento
de pago también nos estamos asegurando tener
unas prestaciones más elevadas que los dominios
que pueden conseguirse de forma gratuita.
Una de las principales ventajas es el aumento de
espacio web y una mayor velocidad a la hora de cargar
las páginas (la lentitud al llevar a cabo
este proceso es uno de los aspectos que más
molesta a los usuarios cuando están navegando
por un dominio concreto). Además, se pueden
tener numerosas herramientas que permiten el control
del espacio virtual de que se dispone. Y, en el
caso de que existan problemas (algo de lo que, desafortunadamente,
ningún usuario está libre) la atención
que se recibe siempre será bastante más
personalizada.
Hasta ahora hemos explicado el proceso de dominios
y alojamiento, algo básico antes de disponernos
a publicar nuestra propia página web. Pero
tan importante como esto es el aspecto técnico
de la cuestión. Las páginas
web que después serán vistas en la
red necesitan crearse siguiendo unos criterios de
programación y diseño especialmente
pensados para el sistema. Por lo general,
se necesitan conocimientos de programas como Dreamweaver,
Nvu, Adobe Photoshop o UIMP, además de controlar
los editores de texto en XML o HTML.
No es fácil crear una página web sin
ningún conocimiento de estos aspectos, ya
que el diseño y la estructura (tal y como
las conocemos fuera del mundo on-line) han de traducirse
al lenguaje concreto que la red entiende. Si el
proceso resulta realmente complicado hay que saber
también que existen facilidades. Por ejemplo,
existen asistentes para la creación de contenidos,
que ayudan a crear páginas web concretas
siguiendo unos formatos y un diseño predefinido
de antemano. El proceso suele ser bastante sencillo,
pero habrá que tener en cuenta que nuestra
página seguirá un estándar
(aunque a veces se puede personalizar) que puede
coincidir con el de otros dominios registrados del
mismo modo.
Una vez las páginas están dispuestas
deben trasladarse a un lugar de origen desde el
que puedan ser cargadas para que los usuarios las
consulten. Uno de los sistemas más aceptados
es el File Transfer Protocol o FTP.
Se consigue instalando un programa (puede escogerse
entre diferentes fabricantes) en el ordenador que
permite trasladar archivos desde nuestro disco duro
o una unidad de almacenamiento externa hasta el
ordenador central. Una vez aquí, cuando ya
se encuentran en el servidor que provee nuestro
espacio web, permite que nosotros las gestionemos
(a través de unos códigos y contraseñas)
sin que visitantes intrusos puedan ver los contenidos
que tenemos almacenados.
Desde el FTP se pueden cambiar contenidos, además
de modificarlos y actualizar la página web
tantas veces como queramos. Todos los sitios web,
independientemente del sistema que utilicen, funcionan
de este modo y todos cuentan con esta posibilidad;
de hecho, una de las grandes ventajas del mundo
virtual, en el que todo puede ser variado y actualizado
tantas veces como se desee.
En el caso de que el alojamiento que se
haya elegido para nuestro dominio sea gratuito,
no contaremos con estas posibilidades. El espacio
web es mucho más pequeño y la dirección
concedida, por lo general, bastante larga y difícil
de recordar. Esto puede solucionarse contratando
lo que se llama redirección de dominios,
un servicio que también ofrecen las empresas
registradoras y que dirige al internauta al dominio
en cuestión (por largo que sea su nombre)
tan sólo tecleando en Internet el nombre
más corto que el interesado ha pensado para
su página.
Como siempre, las opciones son variadas. Lo más
importante es saber que existen y tener en cuenta
que para estar presente en Internet no es necesario,
ni ser una gran empresa, ni realizar un desembolso
extremado.
Eso sí, apostar por el diseño y por
prestaciones como un gran espacio web o la velocidad
puede disparar los presupuestos. Por ello es importante
decidir exactamente qué es lo que se quiere
transmitir y qué nos interesa explicar al
mundo a través de la red de redes.
Fuente:
DIARIO OPTIZE
www.optize.es
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