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¿Una
buena idea o un buen negocio?
Todo
negocio en la red comienza con una buena idea, aunque, por desgracia,
no todas las buenas ideas dan lugar a buenos negocios. Por esa razón
es conveniente, antes de hacer ninguna otra cosa, reflexionar con
rigor acerca de la genial idea que hemos tenido, efectuar un profundo
análisis de la idea de partida para ver si es posible transformarla
en un verdadero negocio. O dicho más claramente, convertir esa idea
en dinero. Y apenas comencemos nos daremos cuenta de que para pasar
de la idea a la realidad hay un arduo camino que, dicho con toda
crudeza, tal vez no compense recorrer. Esa es la finalidad de este
análisis: tratar de decidir si vale la pena abordar el estudio en
profundidad de nuestra idea de negocio.
También
veremos en seguida que lo peor de todo es que la respuesta obtenida
de este análisis no es un sí o un no rotundo sobre el éxito o la
bondad de nuestro proyecto. Más exactamente, es probable que lleguemos
a la conclusión de que nuestra idea no era tan genial como en un
primer momento nos pareció, y en ese caso tal vez decidiremos dejarlo
correr. Así es como mueren muchas ideas de nuevos proyectos: en un
primer análisis medianamente riguroso.
Sin
embargo, existe la posibilidad de que, con buen espíritu emprendedor,
nos demos un baño de humildad y nos percatemos del enorme trabajo
que hay por delante para convertir esa idea que hemos tenido en un
negocio real.
¿En
qué consiste este análisis de la idea de negocio? Pues simplemente
en reflexionar objetiva y desapasionadamente sobre la idea que queremos
desarrollar y la forma de convertirla en un negocio. Nuestro objetivo
debe ser convencernos a nosotros mismos de que no nos estamos engañando
con nuestra idea y de que realmente hay un posible negocio detrás
de ella. Y paradójicamente, mientras más "pegas" le pongamos a nuestro
proyecto, mejor.
Haber
tenido una idea no significa necesariamente haber tenido una buena
idea de negocio. Y, últimamente, esta confusión está siendo bastante
común en el mundo Internet, donde alguien se despierta un día con
una idea para una web y se entusiasma con ella. Y eso no es malo,
incluso puede llegar a tener una gran aceptación entre los internautas.
Pero de ahí a hacer de ella un negocio, hay un abismo.
Por
eso, nuestro primer objetivo será tratar es discernir si tenemos
simplemente una idea o tenemos una idea de negocio. Porque el trabajo
que tenemos que desarrollar es planificar como convertir una idea
en una empresa o negocio. Los fundadores de Yahoo empezaron con una
simple idea: compartir su directorio de direcciones de Internet y
ahora tienen un magnífico negocio. En cambio, el fundador de Amazon.com
empezó con una magnifica idea de negocio y ahora no se sabe muy bien
lo que tiene.
Por
eso, en este momento, lo importante es poder describir con rigor
la idea que hemos tenido y ser conscientes de si hay un verdadero
negocio detrás de esa idea o no.
Si
hemos llegado a la conclusión de que tenemos una idea de negocio,
ahora es el momento de describir cómo se va a generar ese negocio.
Pero... ¿cómo saber si hay negocio? La respuesta es bastante sencilla:
habrá negocio si alguien está dispuesto a pagar dinero por comprar,
usar, alquilar, contratar, etc. nuestro producto o servicio; y cuanto
más dinero pague mejor será el negocio.
Quiero
destacar el hecho de que la clave está en la expresión "pagar dinero"
no en "usar" o "consumir" nuestro producto o servicio. Los gurús
de la Nueva Economía nos han insistido tanto acerca de ofrecer productos
y servicios gratuitos para obtener futuros clientes que hemos llegado
a olvidar este pequeño detalle: un negocio se basa en obtener beneficios,
no en tener muchos clientes, ingresos, usuarios, transacciones, facturación,
visitantes, páginas vistas, etc. Es decir, para que tengamos un verdadero
negocio hay que conseguir que los ingresos sean mayores que los gastos,
cuanto antes mejor y cuanto mayores mejor.
Combinando
estos dos elementos, la idea y el negocio, deberemos analizar, pensar,
reflexionar o imaginar, ¿por qué esa idea va a ser un negocio, o
mejor aún, por qué va a generar beneficios?
Preguntas
cómo ¿quién estaría dispuesto a pagar por esto? ¿cuántas personas
pagarían por ello? ¿qué cantidad de dinero estarían dispuestos a
pagar? ¿con qué frecuencia pagarían? etc., etc., son indispensables
para definir si realmente tenemos entre las manos una mera idea o
un buen negocio.
En
este momento inicial del proceso no podemos pretender ser muy rigurosos
y tendremos que intentar justificar lo más racionalmente posible
nuestras suposiciones, aunque sin entrar en un detalle excesivo.
Tiempo tendremos de hacerlo en etapas posteriores. Lo importante
es que si a este nivel no conseguimos convencernos a nosotros mismos
de que nuestra idea será un verdadero negocio, más vale no entrar
en el trabajo de seguir desarrollando nuestro proyecto.
A veces
suele ser clarificador examinar la situación inversa a nuestros deseos
y preguntarnos: ¿por qué esta idea no puede ser un negocio? Es decir,
¿qué puede hacerla fracasar? De esta manera tendremos un análisis
más completo de nuestra idea de negocio, abordaremos el análisis
con mayor profesionalidad, y, sobre todo, estaremos mejor preparados
ante posibles sorpresas. Porque si hay algo seguro en un proyecto
de negocio es que habrá sorpresas. Y, generalmente, desagradables.
El
objetivo que perseguimos con el análisis de la idea de negocio es:
"poner por escrito la definición global del proyecto, de sus objetivos
principales y de los factores de éxito". Para ello, deberemos escribir
con nuestras propias palabras las ideas, frases y notas que nos vengan
a la cabeza. Tiempo habrá después para redactarlo con mayor precisión.
Sin
embargo, no hay que confundir expresar la idea de negocio con detallar
los productos o servicios que sustentarán esa idea de negocio (este
punto habrá que abordarlo más adelante). De lo que se trata es de
pensar más en una especie de misión de nuestro negocio que en detallar
el catálogo de productos.
Por
ejemplo: una cosa es decir: "Venderemos pizzas por teléfono como
hacen los de Telepizza, pero nosotros lo haremos más barato", y otra
muy distinta sería: "Nuestro negocio se basa en servir comida a domicilio
a las personas que no quieren o no pueden dedicar tiempo a preparar
una comida. Nuestra especialidad son las pizzas, y en general la
comida italiana. Nuestros clientes están dispuestos a pagar un sobreprecio
por este servicio a domicilio".
Observando
estas dos descripciones, es fácil intuir el diferente nivel al que
se ha llegado en el análisis de la idea de negocio en ambos casos.
En
segundo lugar describiremos cuáles son los objetivos globales perseguidos
por nuestro proyecto. Si no sabemos lo que pretendemos nunca sabremos
si podemos tener éxito. No se trata de detallar aquí objetivos concretos
y específicos, algo que se hará más adelante, sino de plantear lo
que se pretende realmente, aparte del consabido "obtener beneficios".
De
nuevo, un cosa es decir: "Venderemos pizzas en todos los rincones
de la ciudad y, cuando seamos más conocidos, abriremos centros en
otras ciudades", y otra muy distinta: "Nuestro negocio se centrará
en servir a los clientes de nuestra ciudad. Sin embargo, contemplamos
la posibilidad de expandirnos por medio de franquicias a otras ciudades,
pero buscando el apoyo de otros emprendedores. Esta opción de expansión
no es prioritaria, pues nos centraremos en la calidad antes que en
la cantidad".
El
estudio combinado de la idea de negocio con los objetivos perseguidos,
da una mejor idea de lo que se piensa hacer en realidad y de por
qué se piensa hacer de esa forma. Sea lo que sea lo que nos planteemos
hacer, lo más importante es tener muy claro desde el principio qué
vamos a hacer, cómo vamos a hacerlo y si realmente alguien nos pagará
por ello.
Redacción
Albanova.com
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